Dos niños

Juan y Santigo estaban en el patio de su colegio. Ambos tenían seis años, pero eso no les impedía discutir acaloradamente.
– ¡Que sí, te lo juro que es verdad! ¡Que se mueran mis padres si miento!
Mientras seguían gritando, Sole, su profesora, cruzó el patio y llegó hasta Santiago. Ella parecía haber estado llorando, y haberse tragado el llanto como el más amargo de los platos.
– Santigo. He de darte una mala noticia: tus padres han muerto.
Los tres se quedaron atónitos, sin saber qué decir.
Luego, Juan, visiblemente enfadado, frunció el ceño, apretó los labios, se acercó a Santiago y le propinó un puñetazo en la nariz con todas sus fuerzas; su víctima cayó al suelo, asediado por un inmenso dolor físico y mental.
Y mientras Santiago se retorcía, Juan gritó, antes de volver a clase:
– ¿Ves como los Reyes Magos no son los padres? ¡Mentiroso!

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

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Una respuesta to “Dos niños”

  1. Muchas y divertidas novedades (creo) (II) « Diario de un Sociópata Says:

    […] Dos niños. Uno de mis temas favoritos para pensar, aunque no se prodigue mucho en mis relatos de forma directa, es el de los Reyes Magos, Papá Noel y la Navidad. Me fascina el hecho de que los padres engañen a los niños para ser felices, y todo el pensamiento mágico que puedan tener, se borre de un plumazo contándoles esta verdad; el resultado es que el niño no sólo deja de creer en estos seres navideños, sino que también deja de creer en que la tostadora pueda empezar a hablarle o que el perro del vecino, ése que estuvo a punto de comerse a tu vecina, puede hablar y contar chistes de caca-culo-pis. En mi caso, también dejó una paranoia por absolutamente todo lo que me rodea, y que me lleva a preguntarme hasta qué punto este mundo no es más que un teatro grotesco donde cada uno tiene un papel; a los 10, yo vivía en El Show de Truman sin que se hubiera hecho la película (y sin haberme leído 1985. Aún no lo he hecho). Volvamos al cuento: tenemos a dos niños que discuten sobre los Reyes Magos. Uno cree, otro no. Y luego ocurre lo peor que le pueda pasar a un niño, y encima su amigo le pega y usa su dolor para corroborar su tesis de que esta gente navideña existe. Si este cuento fuera una persona, le tendría miedo: es de los más cabrones que he hecho, o eso me parece a mí. Al menos, en el que he hecho un esfuerzo consciente por ser un cabrón con mis personajes. […]

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