El pecado de los padres

El tiempo se había vuelto loco, el sol daba puñaladas certeras en la nuca y las mejillas, y la gente no sabía muy bien cómo reaccionar. Arturo, en concreto, había llegado a casa a las diez de la noche, después de un duro día en la oficina. Al cruzar la entrada, comenzó a desabrocharse la corbata, y entonces no pudo parar; presa de un fervor hacía mucho tiempo desaparecido, se quitó la chaqueta del traje caro y hermético y lo abandonó en el suelo. Buscó a Marta, su mujer, con ansia, y fue dejando un rastro de zapatos, calcetines, pantalones, camisa, camiseta, por si más tarde, ya satisfecho, tomara el camino a la cordura.
Marta pudo ver su pasión y le recibió, dispuesta; mientras Arturo se terminaba de desnudar por el camino, ella tenía cada vez menos prendas, hasta que colisionaron desnudos y empezaron a hacer el amor en el suelo de la cocina.

Fueron al dormitorio, pasó media hora y Arturo seguía empujando, al filo del orgasmo. Su mujer le animaba a terminar dentro de ella, sin pensar en las consecuencias, pero llegó tarde pues su marido, presa de una profunda aflicción, se desacopló, se echó a un lado y todavía sudando, abrió el cajón de su mesilla de noche. Del interior sacó una nota manuscrita y plastificada, de letra juvenil y líneas torcidas hacia abajo, cuyo texto fatalista culminaba en una oración escrita con rabia:

TODO ESTO ES CULPA TUYA.

Y Arturo volvió a llorar, un día más.

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

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Una respuesta to “El pecado de los padres”

  1. Muchas y divertidas novedades (creo) (II) « Diario de un Sociópata Says:

    […] El pecado de los padres. Otro relato tan amargo como el anterior. Uno de mis temas recurrentes son las relaciones padre-hijo, y no sé explicarlo porque mi infancia ha sido tranquila y mi padre no fue un ogro; en definitiva, que los cuentos de padres e hijos me salen solos de la chistera, y sólo mediante el esfuerzo intelectual de analizar mi obra me doy cuenta de que escribo bastante sobre el tema. Se trata de una historia de pasión imposible de terminar. Trata sobre el dolor de la pérdida, y cómo este dolor puede lastrar nuestra vida; también, sobre el fracaso de ser padre y el doble fracaso de creerte el causante de las desgracias de tu hijo. Mira que soy un tipo feliz y con buen humor, pero a veces me salen nubes negras mientras escribo. La idea de este SinDios me vino al imaginarme al padre leyendo la nota; el resto vino solo, con la excusa de envolver esa imagen. […]

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