Fe volante

El cura estaba loco, eso pensaban sus habituales parroquianos. Porque por motivos que no quiso aclarar, ni siquiera en la última misa que ofició antes de partir, decidió batir el récord de permanencia en el aire con mil globos de fiesta.
La gente, los medios de comunicación, abarrotaron la pequeña plaza mayor de la ciudad, deseosos de ver volar al cura y, a ser posible, para arrancarle una confesión.
Pero fue imposible, porque el párroco era experto en sacar confesiones, no en darlas.
– ¿Y no teme que sea incapaz de manejar la trayectoria de su vuelo? – inquirió uno de sus habituales en misa.
– Dios guiará mi vuelo, ¡sin duda alguna!
Con esas palabras mandó que le soltaran con los globos, y subió y subió en el cielo estúpido y meteorológicamente desequilibrado, y fue alejándose cada vez más, arropado por los vítores y ánimos de los allí presentes.
Dos días más tarde, poco se supo de él, salvo que Dios había tenido a bien despojarle de unos cuantos globos.
Y ahora, sinceramente, ni Dios sabe dónde está el cura.
Ni por qué lo hizo.

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

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