Un héroe anónimo

Dedicado a Kurt Vonnegut y Alan Moore

La gente de Madrid vivía nerviosa, pero al fin pudo tragarse el llanto cuando en el barrio de San Blas floreció una increíble flor de fuego que atrajo, como una aspiradora, la sorpresa de todo aquel que estuviera cerca. El brote, a medida que se marchitaba, acumulaba escombros y aumentaba su luminosidad hasta que, ya extinta, eclosionó en el Estadio de La Peineta.
En su interior, Lucas ayudaba a contener lo que quedaba de la ignición en el aparecido cuerpo de un hombre, de aspecto árabe, cuyo cinturón estaba provisto de una masilla capaz de retener semejante poder. Una vez terminada esa titánica tarea, Lucas le miró mientras se levantaba, le saludó con rudeza en la mejilla, y se despidió de él para siempre entre gritos que se disolvieron en uno de los corredores del estadio.
Por el camino de vuelta a casa, el llamado terrorista pensó en lo peligroso que era el material de su cinturón, y en el hogar decidió desmontarlo en piezas y enviarlas a otras personas cuya vida se dedicaría en parte a custodiarlas.
Una noche, antes de que se hiciera la tarde, el héroe se sentó en el sillón de mimbre junto al televisor y por el bien de todos olvidó la idea de pasear por La Peineta con el artefacto explosivo.
Y la gente de Madrid pudo dormir mejor a partir de entonces.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

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