La corredora

Susana corre a través del Retiro por un buen motivo: su vida. Cinco metros detrás de ella, corre a la misma velocidad un hombre corpulento, de aspecto militar, con un táser y un cuchillo escondidos que usará para inmovilizarla y cortar su aorta respectivamente si la alcanza.
No se puede sospechar nada: la propia Susana corre despreocupada mientras el último disco de moda suena en su reproductor portátil de música. Cualquier persona llegaría a la misma conclusión al verles: son dos corredores que, por casualidad, coinciden en cuanto al recorrido.
Cuando alcanzan diez kilómetros de carrera, el cronómetro que Susana lleva en la muñeca suena y vibra al mismo tiempo, y le ocurre lo mismo a su perseguidor. Ella decelera, para, se agacha y apoya las manos en las rodillas mientras coge aire. El hombre se acerca.

– Mañana a la misma hora, ¿no?

Susana asiente, y aunque jamás se quitará de la cabeza el hecho de que, si no paga, él acabará con su vida en cualquier momento y lugar, no siente el mínimo atisbo de preocupación.
El asesino potencial desaparece en algún lugar al otro lado del lago.
Y es que a Susana correr sin motivo le parece una gilipollez: los que hacen footing le merecen el mismo respeto que un hámster en una rueda de ejercicio.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

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Una respuesta to “La corredora”

  1. Alice Springs Says:

    Simplemente WOW (y no, no World of Warcraft)

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