La historia de la princesa

Me siento cuentista, yo. No sé por qué.

Érase una vez que se era, una princesa encerrada por voluntad propia en su castillo. Como todas las princesas están obligadas a pasar un tiempo encerradas en el castillo, y esta princesa quería mucho a su padre, se encerró ella misma para evitar que su padre la obligara.
Los caballeros venían, y ella los rechazaba de inmediato o al cabo de un tiempo.
Un caballero, que vivía a una gran distancia, decidió partir a rescatarla, tal y como la tradición mandaba. Y cogió el caballo más robusto de su establo y dijo: esa chica tiene que ser mía.
Y nada podrá pararme, porque lo daría todo por ella.
Por desgracia, los seres malignos que habitan el mundo supieron de su resolución y decidieron jugar con él.
Cuando llegó a un viejo puente de piedra, un ogro con una caña de pescar y una horca le cortó el paso.
– Alto. Vivo debajo de este puente, y te digo que me tienes que hacer una ofrenda.
– He dicho que lo daría todo por mi futura amada, sea.
– Quiero un brazo tuyo – contestó el ogro, acariciando un pez con sus genitales.
El caballero, pues, se cortó el brazo derecho y se lo dio en ofrenda, y nunca más volvió a ser molestado por ese ogro. Pero, ¡ay! la noticia corrió, y a cada ser que le impedía el paso, acababa con un miembro amputado. Un dedo solía bastar, pero algún exigente reclamó una pierna.
Cuando llegó al castillo, sólo tenía torso, cabeza y el brazo izquierdo, y a pesar de ello pudo lanzar una cuerda hasta la ventana de su amada, y trepar por ella con los dientes, tal era la voluntad del caballero.
Al llegar arriba, como adornada por la primavera, la princesa le acogió con los brazos abiertos.
– Buen caballero, arribáis jodido a mis aposentos.
– Sí – contestó. Cogió aire por el esfuerzo -. He tenido que dar mis dos piernas, mi brazo derecho y uno de mis cojones. Estoy agotado, pero viendoos el esfuerzo merece la pena.
– Pobre, pobre iluso. Jamás encontraré gilipollas como vos.
– ¡¿Qué?!
– El amor es cosa de dos, y nadie debería meterse en medio. Y si dejas que algo se interponga en el encuentro, es que no aprecias de verdad al ser que supuestamente amas.
– Lo he dado casi todo por vos.
– Y me habéis dejado lo único que necesito.
La princesa le arrancó el corazón y lanzó su cadaver por la ventana.
Y después…
… ella encontraría a otra persona que, en su opinión, la quisiera de verdad.
… respecto al caballero, su cuerpo fue arrojado a la basura y quemado. De todas formas, ya no tenía nada por lo que vivir.

Seth Fortuyn, puto Samaniego
——-

Es una historia muy, muy cruel. En realidad, no tiene mucho sentido, pero no por ello deja de ser eficaz y condenadamente pesimista.

Como curiosidad, el destino final del caballero se me ocurrió tras leer el “Druida” de Warren Ellis y Leonardo Manco. De hecho, si no me equivoco, es prácticamente igual. Vale, es una deuda muy grande.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 20 de Enero de 2005.
Entrada original.

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