Viena – La fuente de Donnerbrunnen

En la mayoría de las fuentes bonitas y accesibles del mundo, el turista ocasional pide un deseo y lanza alguna moneda a su lecho, pues considera que no ha tirado suficiente dinero durante el viaje. Y según la importancia o urgencia de la aspiración que se le ocurra en el momento, tantas monedas lanza o tanto es su valor.
Por norma general, las monedas permanecen en el fondo mucho tiempo: hay cierta reverencia hacia su valor simbólico, sea éste respeto, agradecimiento o un deseo. Pero en la fuente de Donnerbrunnen, Viena, las monedas no aguantan más de un par de días. Las piezas son recogidas con celeridad por Albert, un mendigo que nadie ve hasta la madrugada. Las guarda en los bolsillos, sale corriendo a su guarida y chapotea por el camino hasta quedarse seco.
Las monedas, una vez rescatadas, van a ser usadas de nuevo, piensa Albert, y eso le parece inaceptable. No es un individuo religioso, no le confundamos: pero sí tiene fe en lo que las monedas pueden hacer por quienes fueron sus dueños. Los deseos podrían no cumplirse de inmediato, sino varios años después, ¿y cómo iba a ser eso posible, si alguien ha utilizado esa misma moneda para desayunar un café con bollos? ¿Cómo iba a obrar un milagro el dinero, si la magia imbuida por el monumento se diluye en una transacción comercial?
Albert se conforma con saber que, en el interior de un par de maletas de piel en las afueras de la ciudad, se encuentran a salvo los sueños de miles de personas. Y aunque se muriera de hambre, nunca se atrevería a usar dichas monedas, razón por la que mendiga durante horas para pagarse el sustento.
Sólo hay una cosa que reconcome a Albert, y es el no saber qué preparar para cuando no esté. Se imagina que encontrarán su cadáver y se preguntarán por qué no gastó ni un céntimo de aquellas maletas; por qué pedía dinero en el centro de la ciudad. Y hasta que encuentre una solución, reza todas las noches:
– Por favor Dios, haz feliz a toda esa gente antes de que yo ya no esté.

El Sociópata viajero - Hay locos en todas partes, montañas de locos, montones de locura.© del autor.

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