La historia de la princesa

agosto 5, 2010

Me siento cuentista, yo. No sé por qué.

Érase una vez que se era, una princesa encerrada por voluntad propia en su castillo. Como todas las princesas están obligadas a pasar un tiempo encerradas en el castillo, y esta princesa quería mucho a su padre, se encerró ella misma para evitar que su padre la obligara.
Los caballeros venían, y ella los rechazaba de inmediato o al cabo de un tiempo.
Un caballero, que vivía a una gran distancia, decidió partir a rescatarla, tal y como la tradición mandaba. Y cogió el caballo más robusto de su establo y dijo: esa chica tiene que ser mía.
Y nada podrá pararme, porque lo daría todo por ella.
Por desgracia, los seres malignos que habitan el mundo supieron de su resolución y decidieron jugar con él.
Cuando llegó a un viejo puente de piedra, un ogro con una caña de pescar y una horca le cortó el paso.
– Alto. Vivo debajo de este puente, y te digo que me tienes que hacer una ofrenda.
– He dicho que lo daría todo por mi futura amada, sea.
– Quiero un brazo tuyo – contestó el ogro, acariciando un pez con sus genitales.
El caballero, pues, se cortó el brazo derecho y se lo dio en ofrenda, y nunca más volvió a ser molestado por ese ogro. Pero, ¡ay! la noticia corrió, y a cada ser que le impedía el paso, acababa con un miembro amputado. Un dedo solía bastar, pero algún exigente reclamó una pierna.
Cuando llegó al castillo, sólo tenía torso, cabeza y el brazo izquierdo, y a pesar de ello pudo lanzar una cuerda hasta la ventana de su amada, y trepar por ella con los dientes, tal era la voluntad del caballero.
Al llegar arriba, como adornada por la primavera, la princesa le acogió con los brazos abiertos.
– Buen caballero, arribáis jodido a mis aposentos.
– Sí – contestó. Cogió aire por el esfuerzo -. He tenido que dar mis dos piernas, mi brazo derecho y uno de mis cojones. Estoy agotado, pero viendoos el esfuerzo merece la pena.
– Pobre, pobre iluso. Jamás encontraré gilipollas como vos.
– ¡¿Qué?!
– El amor es cosa de dos, y nadie debería meterse en medio. Y si dejas que algo se interponga en el encuentro, es que no aprecias de verdad al ser que supuestamente amas.
– Lo he dado casi todo por vos.
– Y me habéis dejado lo único que necesito.
La princesa le arrancó el corazón y lanzó su cadaver por la ventana.
Y después…
… ella encontraría a otra persona que, en su opinión, la quisiera de verdad.
… respecto al caballero, su cuerpo fue arrojado a la basura y quemado. De todas formas, ya no tenía nada por lo que vivir.

Seth Fortuyn, puto Samaniego
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Es una historia muy, muy cruel. En realidad, no tiene mucho sentido, pero no por ello deja de ser eficaz y condenadamente pesimista.

Como curiosidad, el destino final del caballero se me ocurrió tras leer el “Druida” de Warren Ellis y Leonardo Manco. De hecho, si no me equivoco, es prácticamente igual. Vale, es una deuda muy grande.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 20 de Enero de 2005.
Entrada original.

La historia del mendigo

agosto 5, 2010

Esta historia me la encontré en unas cajas de cartón de cerveza, escondidas entre la basura.

cuando escribo esto soy un viejo borracho tirado en la calle, me duelen los pies y los tengo hinchados. antes corría un huevo, tendrías que verme, corría que me las pelaba, pero uno se deteriora con la edad, ¿sabes? ahora mi cuerpo está deformado y me duele todo, pero no siempre fue así.
hasta los tiraos tenemos infancia. no siempre tuve barba y cincuenta años, y ropa que huele a meados y cartones para resguardarme del frío sin encontrar nada que me dé calor. mientras escribo, un mamón me mira de arriba abajo arriba y deja una moneda de cincuenta céntimos en mi vasito de plástico. je, soy feliz. es que estoy pagando la mansión a plazos.
decía que hubo un tiempo en que fui joven, y siempre deseo volver a serlo. creo que cada uno tenemos el paraíso que nos merecemos, y yo con gusto volvería a la familia y el hogar, y algo caliente que llevarme a la boca y que no sea, no sé, la polla de un chapero, la vida es dura.
yo era joven, como diez años o así, y me viene el diablo y empieza a tentarme.
chico, sabes que puedes jugar con lo que tienes entre las piernas, ¿no?
¿MI PITO? contesto yo
sí, tu pito. puedes frotarte y Dios se enfadará con ello. DIOS se pondrá triste si derramas tu simiente… vas a empezar a crecer en más de un sentido y podrás desobedecer las normas. tócate.
no lo hago yo
y el diablo, quiero decir, el DIABLO, no supo que decir. se quedó mudo y creo que poco entendía de la vida, ese pobre diablo.
lo hace el señor Rodríguez, el cura… nos lo hace a todos los niños. al principio lloraba. es por el bien del Señor, dice. para que creamos mejor en Dios.
joder… señor Rodríguez, ¿eh? un cura haciendo una labor infernal, eso es competencia, dice, se lleva la mano a la boca y desaparece, pero sólo yo veo cómo desaparece, porque el resto no podía verle.
por aquella época las cosas no son como ahora, que te quejas y a lo mejor hasta te escuchan. había cosas que no se podían tocar, Dios, Franco y Bernabeu, la Sagrada Trinidad Española… y Dios tenía mucho respaldo porque daba poderes al segundo y al tercero para hacer milagros. eso me enseñaban.
denunciarle. qué tontería.
el caso es que a la semana o así, estoy en la puerta de la iglesia y veo que el diablo entra, sale y me mira y me dice que me quedé ahí, que tiene que hacer unas cosas.
mi historia casi ha terminado. soy un mierda, pero espero que si miras bien en la basura encuentres mi historia. todo el mundo tiene una y yo no quiero que se pierda la mía. hay historias dignas de contar y ésta es una de ellas.
joder, no sé qué ocurrió allí dentro. pero que me jodan de lado, ¡creo que a partir de ese día, el diablo también empezó a creer en Dios!

Seth Fortuyn, transcriptor de historias que merecen contarse.
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En las primeras etapas de mi viejo blog, dediqué varias historias al mundo de la mendicidad. Me sentía “concienciado”, pero no del modo en que uno deja dinero en un plato y hace lo que la Comunidad de Madrid TENDRÍA que hacer, y gratis, sino como acusador: levantaba el dedo, paría una de estas historias y me alejaba satisfecho por una bocacalle neblinosa.

Reconozco que esta historia tiene cierta gracia, y lo que es peor, actualidad. Estoy releyendo los viejos artículos y me encuentro la sorpresa constante de que muchas entradas no sólo no han envejecido, sino que siguen vigentes. Si tenemos en cuenta que son del 2004-2005, da un poco de miedo comprobar cómo las cosas cambian para seguir igual.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 15 de Enero de 2005.
Entrada original.

Los clubes de lectura

julio 27, 2010

Déjame que te hable de los clubs de lectura.

Año 2013.
Bernard Betz se harta de estudiar sus manuales de biotecnología. Como quiere leer sin esfuerzo, crea el Libro Neuronal, un implante que absorbe el contenido de las páginas impresas y almacena su información en una matriz intracraneal de celdas y transistores.
El Libro Neuronal, claro, vende millones de unidades, pero tiene perversos defectos: su campo eléctrico provoca epilepsia, y crea una violenta dependencia entre los usuarios por ampliar su biblioteca virtual.
Hoy, poseer libros raros es peligroso, pues los miembros de los clubes de lectura los buscan con denuedo y matan a sus propietarios.

El nombre de estos yonkis culturales es un vestigio de lo que fueron. Ya no charlan: ahora, sólo cazan.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Este relato se creó para el Concurso de Microrrelatos de Libro de Notas, cuyos ganadores ya han sido elegidos. Felicidades a los tres, porque se lo merecen.

julio 27, 2010

Hoy te levantaste pronto, como de costumbre, y sin embargo te sentías diferente a otros días. Pensaste que deberías dejar de despertarte de esa manera, cambiar el método, y que así podrías dejar atrás esa sensación de constante cansancio. Rápidamente fuiste a ducharte, porque claro, tienes que mantener una constante en el aseo. Tardas más o menos lo de siempre, y cuando sales te secas, te aplicas el desodorante, y te vistes. Todavía te quedaba tiempo, pero desayunaste y preparaste la cartera a marchas forzadas, hoy querías llegar más pronto. Saliste de casa y empiezas a darle vueltas a un asunto que tienes entre manos. Sin darte cuenta, ya estabas a la entrada del instituto. No sabías en qué has llegado, y la noción del tiempo la debiste perder por el camino. Al entrar alguien que no conoces te saludó por tu nombre (Recuerda), pero no le diste importancia y llegaste a clase. Vaya, hoy has llegado tarde, pero el profesor todavía no había entrado, así que te sentaste en tu silla habitual. Entró el profesor, y te acordaste de aquel tan raro que tenías en tu anterior centro. Menos mal que no tiene esa característica tan peculiar ¿verdad?. Pasaron las horas y volviste a pensar en aquel asunto (Hazlo). Cuando acabaron las clases, saliste al patio. Te has olvidado la cartera dentro, y aunque lo único peculiar que tenía hoy es que pesaba algo más, ni te diste cuenta de que la llevabas (Bien hecho). Ya volverás luego, ahora lo único que quieres hacer es llegar a algún lugar donde poder descansar. Te sentaste en un banco que hay cerca y cerraste los ojos. De repente, los ruidos característicos del patio son sustituidos por un extraño zumbido, y por las voces apagadas de miles de seres. Cuando abres los ojos, estás en una sala negra con destellos verdosos. Empiezas a recordar. Recuerdas un extraño vocablo (Tu nombre), recuerdas una figura misteriosa (Tu figura), recuerdas unos sonidos graves (Tu voz), recuerdas más figuras extrañas (Tu entorno, tu hogar). En la habitación negra cesan los destellos y las voces (No olvides) y se abre una pequeña ventana. Te asomas, y ves una esfera. Una preciosa esfera, que aunque no es perfecta, es tan bonita que eso da igual. La esfera implota, y de ella sale un anillo de fuego. No oyes nada, pero la habitación vibra. Cuando acaba el temblor, cierras los ojos, y cuando los abres, la habitación es ahora blanca, impoluta, cegadora, y vuelves a recordar (Tú puedes). Piensas “Que gusto dejar de ser humano” (Así se hace).

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No he modificado ni una coma. Esto, más que vintage, es arqueología: el segundo cuento que he escrito en mi vida. El primero es una cosita vergonzosa y caramelizada, además de un encargo como deberes para clase, pero éste simplemente surgió en mi cabeza.

Con éste, aprendí a pensar, a idear un cuento. Surgió la idea, la estructura, la ejecución. Mientras vivía como cualquier otro chaval de 16 años aficionado al Counter Strike y a los cómics, mientras iba a clase y hablaba con mis allegados, “Tú” se fue cocinando.

Es, de modo literal, una chuminada, pero me hace gracia, sobre todo, la comparación de la Tierra con una fruta.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 6 de Octubre de 2004 (aunque creado en el 2001).
Entrada original.

El sociópata ilustrador – ¡Obesidad!

julio 3, 2010

Ilustración de un chiste clásico que todo el mundo conoce.

El sociópata ilustrador – Fútbol

julio 2, 2010

Gracias a Mauro Entrialgo, el mejor profesor posible para el Taller de historieta costumbrista y humor gráfico impartido en el Círculo de Bellas Artes.  Esto es un adelanto de lo que vendrá…

El libro de los cabrones

junio 27, 2010

El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención; físicamente, el volumen era un montón de cuero avejentado y mohoso, y las páginas amarillas como orín. Un par de pasos detrás de mí, el dependiente reía en voz queda, como si estuviera prohibido hacerlo en un lugar tan serio como su tienda.
– Viejo, ¿cuánto es el libro? – le pregunté. Señalé el puñado de páginas que trataban de correr por separado en mis manos.
– Je, je, je… sabía que vendrías a por él. Está escrito – dijo, con ese sentido del humor que caracteriza a los que no tienen sentido del humor, y hacen un chiste sin tener ni puta gracia, cuando ellos se parten de risa por dentro. Dejó ver el solitario archipiélago de dientes que nadaba a la deriva en el agitado mar de sus encías, aunque de vez en cuando se tapaba la boca con sus viejos guantes de lana, casi tatuados a su piel.
– Va, va, va… ¿entonces por cuánto lo compro? –contesté sin paciencia -. ¿Eso también está escrito, no? Espero que valga menos euros que dientes hay en tu boca.
Se calló por un momento. Me puso mala cara, tal y como esperaba, y se encaminó a la caja. La tienda estaba llena de películas VHS, discos viejos, algún que otro póster y un par de cuadros pintados por una mente infantil atrapada en los torpes dedos de un hombre viejo. Miré alrededor distraído, y luego mis ojos se posaron en la caja registradora, y en el pequeño hueco de debajo lleno de billetes.
– ¿Tienes muchas ventas, no? – pregunté, por decir algo. Agarré mi supuesta adquisición por el lomo, con fuerza, para probar la consistencia de la encuadernación.
– Vendo libros viejos. Hay coleccionistas. Rellena lo que ocurre si eres tan listo…
– Sí – puso cara de esperanzado, como si estuviera empezando a comprender su oficio y no sólo su déficit dental -, que hay gente a la que le sobra el dinero.
– Un libro – arguyó a la desesperada – es un amigo, un confidente… es papel transmutado en oro y vino que nunca se pica. Es una ayuda y un arma para la humanidad. Es historia antigua, presente… y futura – y volvió a reírse. Me estaba poniendo de los nervios.
– Calla ya, hostias – harto del numerito, tiré el libro de mi mano, saqué la pistola y apunté al viejo con ella -. ¡Ahora dame toda la pasta, YA!
Sin perder la compostura, sacó a puñados los billetes de la caja, los del hueco, y un gran libro de debajo del mostrador.
– El resto del dinero está dentro – dijo ufano, mientras levantaba las manos. Así pudo hacer ver que no haría ninguna tontería.
Mi vista siguió fija en él, por si tenía algún truco en la manga, y dirigí mi mano al viejo libro que me había colocado. Abrí las tapas con cuidado, y al pasar las hojas no descubrí ni un billete; sólo conseguí un ligero escozor en los dedos.
De repente, mi cuerpo se atenazó y solté el arma. Me puse de rodillas, incapaz de soportar el dolor que se acumulaba en mi cuerpo, y el viejo se acercó, riéndose de nuevo. Odié esa risa, y la odiaré para siempre. Vino y me dijo:
– Son un arma. Pueden adiestrar la mente, o envenenar a quien lo merece – y cogió el libro que había captado mi atención al principio, y me lo acercó a la cara -. Y si alguien sabe el futuro, puede transmitirlo. Por ejemplo, puede hablar del asesinato de un viejo librero… y de cómo podría reaccionar éste en consecuencia para evitarlo. Cómo envenenar unas hojas. Cómo devorar a tus enemigos.
El dolor siguió retorciéndome por dentro, pero una leve sensación de alivio se produjo con el libro cerca de mí. Tardé demasiado en darme cuenta de que esto era así porque estaba devorando mi alma. Leyéndome, y asimilándome en su interior.
– Los libros, en definitiva, son una extensión de nosotros mismos. Buen viaje, gilipollas.
Mi vida acabó convertida en páginas, y mi final es éste: ser un capítulo más en “Los que intentaron joderme”. Curioso título.
Y os digo por experiencia que no somos pocos capítulos aquí dentro.

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Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 25 de abril de 2007 a raíz de una frase de Cuentacuentos.
Entrada Original.

La corredora

junio 17, 2010

Susana corre a través del Retiro por un buen motivo: su vida. Cinco metros detrás de ella, corre a la misma velocidad un hombre corpulento, de aspecto militar, con un táser y un cuchillo escondidos que usará para inmovilizarla y cortar su aorta respectivamente si la alcanza.
No se puede sospechar nada: la propia Susana corre despreocupada mientras el último disco de moda suena en su reproductor portátil de música. Cualquier persona llegaría a la misma conclusión al verles: son dos corredores que, por casualidad, coinciden en cuanto al recorrido.
Cuando alcanzan diez kilómetros de carrera, el cronómetro que Susana lleva en la muñeca suena y vibra al mismo tiempo, y le ocurre lo mismo a su perseguidor. Ella decelera, para, se agacha y apoya las manos en las rodillas mientras coge aire. El hombre se acerca.

– Mañana a la misma hora, ¿no?

Susana asiente, y aunque jamás se quitará de la cabeza el hecho de que, si no paga, él acabará con su vida en cualquier momento y lugar, no siente el mínimo atisbo de preocupación.
El asesino potencial desaparece en algún lugar al otro lado del lago.
Y es que a Susana correr sin motivo le parece una gilipollez: los que hacen footing le merecen el mismo respeto que un hámster en una rueda de ejercicio.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Una compra inusual

junio 13, 2010

Es un comentario gracioso de manual: ves a una familia en el supermercado, a su hijo dentro de una cesta o carrito, y les dices “Qué niño tan mono, ¿en qué pasillo se compran?”. Digo cientos de tonterías parecidas para distraerme en el trabajo.
Ayer miércoles me llevé una sorpresa: un hombre y una mujer de facciones árabes, ojos negros y pelo negro rizado, llevaban en una cesta con ruedas a su hijo, de pelo castaño, como si fuera un saco de comida para perros (algo que tampoco me extrañaría: no sería el primer idiota que alimenta al chucho familiar con carne presumiblemente erótica de sustituir). Solté la frase cuando pasaron a mi lado, y ella y él se miraron con una chispa de reconocimiento en los ojos.
El hombre buscó con denuedo un papel sobre el que escribir, hizo unos garabatos con una pluma algo ostentosa y me lo tendió ufano.
– Tome – dijo.
El crío levantó la cabeza de la compra que aplastaba con el trasero y se quedó mirando mi gesto de horror, casi como si esperara una explicación por mi parte.
En el papel había un número de teléfono y el niño tenía los ojos azules.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

El escritor de libros de autoayuda

enero 29, 2010

Daniel Suarez era todo un experto en decirles a los demás lo que tenían que hacer. Tan bien se le daba, que se había convertido en un reputado escritor de libros de autoayuda, un tipo de literatura que ni siquiera le gustaba.
Las ventas acompañaron en proporción inversa a su ánimo y Daniel no tuvo más remedio que continuar la producción de volúmenes como “Del barro al cielo: una historia sobre el éxito” o “Autolimpieza: consejos para gente desordenada sobre cómo organizarse de forma inconsciente”. El verdadero problema, sin embargo, no era que tuviera que escribirlos, sino que no podía dejar de hacerlo: las ideas bullían hasta que las exorcizaba mediante la escritura de un nuevo libro.
Un día, se le ocurrió a Daniel poner en práctica los consejos que brotaban de su imaginación, pues nunca se hacía caso a sí mismo.
De forma implacable siguió los dictados de su voz interior, hasta que ésta se fue diluyendo poco a poco. Con el tiempo dejó de publicar y su nombre se unió a la lista de quienes trataron de ayudar a la gente y fueron olvidados, como Dale Carnegie o Allen Carr.
Tres años más tarde, Daniel se despertó sobresaltado en mitad de la noche, de la misma forma que hacía antes.
– ¿Qué ocurre?
– He tenido una idea.
– ¿Otra vez autoayuda?
– No, no. Es una novela policiaca.
Daniel volvió a dormir, impaciente por descubrir nuevas perspectivas.
Su mujer, en cambio, no pudo pegar ojo.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.