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Jovencitas calientes

enero 23, 2012

El tipo fue al chino a comprar algo de cinta de embalaje y unas pilas, y no pudo evitar mirar la selección de películas porno. Al principio desviaba la vista como si no hubiera allí ninguna estantería, las baldas llenas de cintas de video nuevas en la parte inferior y deuvedés porno en la superior. Caminó hasta el fondo de la tienda, buscando la dichosa cinta, y cuando la tuvo en sus manos se sorprendió pensando en esos discos… intentó reflexionar al respecto: estaba casado desde hacía varios años, tenía hijos, ya adultos, y el sexo en parte había perdido mucho aliciente. Ni su cuerpo ni el de su esposa eran ninguna maravilla, y de hecho ambos habían engordado a lo largo del tiempo, hasta que eso de follar quedó sustituido por amor meramente platónico.
Qué demonios, pensó mientras cogía una película,’ Jovencitas Calientes’, con una rubia disfrazada de colegiala, de pechos turgentes y pezones pequeñitos y sonrosados, descubiertos bajo una camiseta enrollada hasta el cuello. Con una mano se levantaba la falda a cuadros y con la otra lamía una piruleta mientras observaba al posible comprador con ojos zalameros.
Pagó ocho euros por todo y se marchó a casa, con la película escondida entre los pliegues de su abrigo.

Una semana después pudo, por fin, quedarse una mañana solo en casa. Su mujer había ido a ver a una de sus hermanas y los chicos fueron con sus amigos a una sesión matutina en el cine. Calculó que, en unas tres horas, nadie le molestaría, y podría ver al fin la mercancía que había comprado.
Je. Mercancía, pensó. Como si fuera a drogarse o algo así. Sólo por eso, se excitó un poco más. Estaba expectante, casi ansioso, de observar a aquella rubia en acción. Moverse y gemir, y si tenía alguna amiga en el juego, mejor.
Vamos, vamos, vamos. Con una suave erección vio al reproductor engullir el disco, y acogió con entusiasmo y los pantalones bajados, ya sentado sobre el sofá, la película… ¿”Colegialas Cachondas”? Sin desagradarle el nuevo título, se vio algo decepcionado. Había pagado por “Jovencitas Calientes”, ¿y si aquella rubia no salía?
No importa, se dijo, en estas películas siempre salen mozas bien dotadas.
Con la pija en la mano, casi a punto, vio a un trío de horribles inglesas, de dientes torcidos y caras de escaso atractivo, cuerpos carentes de erotismo, seducir a un pobre joven, éste sí bien parecido. Casi sintió lástima de la escena, soltó su polla fláccida y con las manos empapadas en sudor, sacó el disco y lo guardó en la caja.
Se sentía decepcionado, por la erección y el dinero perdidos. Se sentía vencido por el chino, y eso que el pobre hombre que le atendió ni sabría lo que había debajo de aquella carátula; no se atrevería a devolver la película y hacer pasar por un mal trago al vendedor y a sí mismo.
Al final, la película quedó escondida encima de unos viejos libros que, confiaba, nadie tocaría nunca.
Ni siquiera él.

Seth Fortuyn, cronista de fracasos cotidianos.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 10 de Noviembre de 2005.
Entrada original. 

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