Posts Tagged ‘Fantástico’

Juventud inalcanzable

enero 21, 2012

Verena Berggren quería, gracias a las propiedades rejuvenecedoras de la flor de edelweiss, vivir eternamente. Pero la cruel flor escalaba más y más alto los Alpes mientras Verena sufría el inexorable paso del tiempo.

Al final, con cien años, Verena murió, incapaz de subir a tres mil metros.

Y el dinosaurio estornudó... - Relatos en 50 palabras o menos. © del autor.

El origen del mal

marzo 1, 2011

Al principio, el Hombre sólo quería comida, fuego y refugio, pero se le apareció Minia, la Serpiente Cósmica, cuya cola dorada despertó su avaricia. El Hombre intentó capturarla, más no pudo, y jamás olvidó su fracaso. Por eso, aún hoy la busca con denuedo y violencia.

Y el dinosaurio estornudó... - Relatos en 50 palabras o menos. © del autor.

Piratas aéreos

febrero 11, 2011

Dicen que, en 1720, Calicó Jack preguntó a una bruja cómo serían los piratas de años venideros. Ésta le mostró, en una bola de cristal, su mayor golpe: dos pájaros de metal contra dos torres; miles de muertos; ningún botín. Indignado, repudió la piratería y se dejó capturar.

Y el dinosaurio estornudó... - Relatos en 50 palabras o menos. © del autor.

La historia de la princesa

agosto 5, 2010

Me siento cuentista, yo. No sé por qué.

Érase una vez que se era, una princesa encerrada por voluntad propia en su castillo. Como todas las princesas están obligadas a pasar un tiempo encerradas en el castillo, y esta princesa quería mucho a su padre, se encerró ella misma para evitar que su padre la obligara.
Los caballeros venían, y ella los rechazaba de inmediato o al cabo de un tiempo.
Un caballero, que vivía a una gran distancia, decidió partir a rescatarla, tal y como la tradición mandaba. Y cogió el caballo más robusto de su establo y dijo: esa chica tiene que ser mía.
Y nada podrá pararme, porque lo daría todo por ella.
Por desgracia, los seres malignos que habitan el mundo supieron de su resolución y decidieron jugar con él.
Cuando llegó a un viejo puente de piedra, un ogro con una caña de pescar y una horca le cortó el paso.
– Alto. Vivo debajo de este puente, y te digo que me tienes que hacer una ofrenda.
– He dicho que lo daría todo por mi futura amada, sea.
– Quiero un brazo tuyo – contestó el ogro, acariciando un pez con sus genitales.
El caballero, pues, se cortó el brazo derecho y se lo dio en ofrenda, y nunca más volvió a ser molestado por ese ogro. Pero, ¡ay! la noticia corrió, y a cada ser que le impedía el paso, acababa con un miembro amputado. Un dedo solía bastar, pero algún exigente reclamó una pierna.
Cuando llegó al castillo, sólo tenía torso, cabeza y el brazo izquierdo, y a pesar de ello pudo lanzar una cuerda hasta la ventana de su amada, y trepar por ella con los dientes, tal era la voluntad del caballero.
Al llegar arriba, como adornada por la primavera, la princesa le acogió con los brazos abiertos.
– Buen caballero, arribáis jodido a mis aposentos.
– Sí – contestó. Cogió aire por el esfuerzo -. He tenido que dar mis dos piernas, mi brazo derecho y uno de mis cojones. Estoy agotado, pero viendoos el esfuerzo merece la pena.
– Pobre, pobre iluso. Jamás encontraré gilipollas como vos.
– ¡¿Qué?!
– El amor es cosa de dos, y nadie debería meterse en medio. Y si dejas que algo se interponga en el encuentro, es que no aprecias de verdad al ser que supuestamente amas.
– Lo he dado casi todo por vos.
– Y me habéis dejado lo único que necesito.
La princesa le arrancó el corazón y lanzó su cadaver por la ventana.
Y después…
… ella encontraría a otra persona que, en su opinión, la quisiera de verdad.
… respecto al caballero, su cuerpo fue arrojado a la basura y quemado. De todas formas, ya no tenía nada por lo que vivir.

Seth Fortuyn, puto Samaniego
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Es una historia muy, muy cruel. En realidad, no tiene mucho sentido, pero no por ello deja de ser eficaz y condenadamente pesimista.

Como curiosidad, el destino final del caballero se me ocurrió tras leer el “Druida” de Warren Ellis y Leonardo Manco. De hecho, si no me equivoco, es prácticamente igual. Vale, es una deuda muy grande.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 20 de Enero de 2005.
Entrada original.

La historia del mendigo

agosto 5, 2010

Esta historia me la encontré en unas cajas de cartón de cerveza, escondidas entre la basura.

cuando escribo esto soy un viejo borracho tirado en la calle, me duelen los pies y los tengo hinchados. antes corría un huevo, tendrías que verme, corría que me las pelaba, pero uno se deteriora con la edad, ¿sabes? ahora mi cuerpo está deformado y me duele todo, pero no siempre fue así.
hasta los tiraos tenemos infancia. no siempre tuve barba y cincuenta años, y ropa que huele a meados y cartones para resguardarme del frío sin encontrar nada que me dé calor. mientras escribo, un mamón me mira de arriba abajo arriba y deja una moneda de cincuenta céntimos en mi vasito de plástico. je, soy feliz. es que estoy pagando la mansión a plazos.
decía que hubo un tiempo en que fui joven, y siempre deseo volver a serlo. creo que cada uno tenemos el paraíso que nos merecemos, y yo con gusto volvería a la familia y el hogar, y algo caliente que llevarme a la boca y que no sea, no sé, la polla de un chapero, la vida es dura.
yo era joven, como diez años o así, y me viene el diablo y empieza a tentarme.
chico, sabes que puedes jugar con lo que tienes entre las piernas, ¿no?
¿MI PITO? contesto yo
sí, tu pito. puedes frotarte y Dios se enfadará con ello. DIOS se pondrá triste si derramas tu simiente… vas a empezar a crecer en más de un sentido y podrás desobedecer las normas. tócate.
no lo hago yo
y el diablo, quiero decir, el DIABLO, no supo que decir. se quedó mudo y creo que poco entendía de la vida, ese pobre diablo.
lo hace el señor Rodríguez, el cura… nos lo hace a todos los niños. al principio lloraba. es por el bien del Señor, dice. para que creamos mejor en Dios.
joder… señor Rodríguez, ¿eh? un cura haciendo una labor infernal, eso es competencia, dice, se lleva la mano a la boca y desaparece, pero sólo yo veo cómo desaparece, porque el resto no podía verle.
por aquella época las cosas no son como ahora, que te quejas y a lo mejor hasta te escuchan. había cosas que no se podían tocar, Dios, Franco y Bernabeu, la Sagrada Trinidad Española… y Dios tenía mucho respaldo porque daba poderes al segundo y al tercero para hacer milagros. eso me enseñaban.
denunciarle. qué tontería.
el caso es que a la semana o así, estoy en la puerta de la iglesia y veo que el diablo entra, sale y me mira y me dice que me quedé ahí, que tiene que hacer unas cosas.
mi historia casi ha terminado. soy un mierda, pero espero que si miras bien en la basura encuentres mi historia. todo el mundo tiene una y yo no quiero que se pierda la mía. hay historias dignas de contar y ésta es una de ellas.
joder, no sé qué ocurrió allí dentro. pero que me jodan de lado, ¡creo que a partir de ese día, el diablo también empezó a creer en Dios!

Seth Fortuyn, transcriptor de historias que merecen contarse.
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En las primeras etapas de mi viejo blog, dediqué varias historias al mundo de la mendicidad. Me sentía “concienciado”, pero no del modo en que uno deja dinero en un plato y hace lo que la Comunidad de Madrid TENDRÍA que hacer, y gratis, sino como acusador: levantaba el dedo, paría una de estas historias y me alejaba satisfecho por una bocacalle neblinosa.

Reconozco que esta historia tiene cierta gracia, y lo que es peor, actualidad. Estoy releyendo los viejos artículos y me encuentro la sorpresa constante de que muchas entradas no sólo no han envejecido, sino que siguen vigentes. Si tenemos en cuenta que son del 2004-2005, da un poco de miedo comprobar cómo las cosas cambian para seguir igual.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 15 de Enero de 2005.
Entrada original.

julio 27, 2010

Hoy te levantaste pronto, como de costumbre, y sin embargo te sentías diferente a otros días. Pensaste que deberías dejar de despertarte de esa manera, cambiar el método, y que así podrías dejar atrás esa sensación de constante cansancio. Rápidamente fuiste a ducharte, porque claro, tienes que mantener una constante en el aseo. Tardas más o menos lo de siempre, y cuando sales te secas, te aplicas el desodorante, y te vistes. Todavía te quedaba tiempo, pero desayunaste y preparaste la cartera a marchas forzadas, hoy querías llegar más pronto. Saliste de casa y empiezas a darle vueltas a un asunto que tienes entre manos. Sin darte cuenta, ya estabas a la entrada del instituto. No sabías en qué has llegado, y la noción del tiempo la debiste perder por el camino. Al entrar alguien que no conoces te saludó por tu nombre (Recuerda), pero no le diste importancia y llegaste a clase. Vaya, hoy has llegado tarde, pero el profesor todavía no había entrado, así que te sentaste en tu silla habitual. Entró el profesor, y te acordaste de aquel tan raro que tenías en tu anterior centro. Menos mal que no tiene esa característica tan peculiar ¿verdad?. Pasaron las horas y volviste a pensar en aquel asunto (Hazlo). Cuando acabaron las clases, saliste al patio. Te has olvidado la cartera dentro, y aunque lo único peculiar que tenía hoy es que pesaba algo más, ni te diste cuenta de que la llevabas (Bien hecho). Ya volverás luego, ahora lo único que quieres hacer es llegar a algún lugar donde poder descansar. Te sentaste en un banco que hay cerca y cerraste los ojos. De repente, los ruidos característicos del patio son sustituidos por un extraño zumbido, y por las voces apagadas de miles de seres. Cuando abres los ojos, estás en una sala negra con destellos verdosos. Empiezas a recordar. Recuerdas un extraño vocablo (Tu nombre), recuerdas una figura misteriosa (Tu figura), recuerdas unos sonidos graves (Tu voz), recuerdas más figuras extrañas (Tu entorno, tu hogar). En la habitación negra cesan los destellos y las voces (No olvides) y se abre una pequeña ventana. Te asomas, y ves una esfera. Una preciosa esfera, que aunque no es perfecta, es tan bonita que eso da igual. La esfera implota, y de ella sale un anillo de fuego. No oyes nada, pero la habitación vibra. Cuando acaba el temblor, cierras los ojos, y cuando los abres, la habitación es ahora blanca, impoluta, cegadora, y vuelves a recordar (Tú puedes). Piensas “Que gusto dejar de ser humano” (Así se hace).

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No he modificado ni una coma. Esto, más que vintage, es arqueología: el segundo cuento que he escrito en mi vida. El primero es una cosita vergonzosa y caramelizada, además de un encargo como deberes para clase, pero éste simplemente surgió en mi cabeza.

Con éste, aprendí a pensar, a idear un cuento. Surgió la idea, la estructura, la ejecución. Mientras vivía como cualquier otro chaval de 16 años aficionado al Counter Strike y a los cómics, mientras iba a clase y hablaba con mis allegados, “Tú” se fue cocinando.

Es, de modo literal, una chuminada, pero me hace gracia, sobre todo, la comparación de la Tierra con una fruta.

Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 6 de Octubre de 2004 (aunque creado en el 2001).
Entrada original.

El libro de los cabrones

junio 27, 2010

El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención; físicamente, el volumen era un montón de cuero avejentado y mohoso, y las páginas amarillas como orín. Un par de pasos detrás de mí, el dependiente reía en voz queda, como si estuviera prohibido hacerlo en un lugar tan serio como su tienda.
– Viejo, ¿cuánto es el libro? – le pregunté. Señalé el puñado de páginas que trataban de correr por separado en mis manos.
– Je, je, je… sabía que vendrías a por él. Está escrito – dijo, con ese sentido del humor que caracteriza a los que no tienen sentido del humor, y hacen un chiste sin tener ni puta gracia, cuando ellos se parten de risa por dentro. Dejó ver el solitario archipiélago de dientes que nadaba a la deriva en el agitado mar de sus encías, aunque de vez en cuando se tapaba la boca con sus viejos guantes de lana, casi tatuados a su piel.
– Va, va, va… ¿entonces por cuánto lo compro? –contesté sin paciencia -. ¿Eso también está escrito, no? Espero que valga menos euros que dientes hay en tu boca.
Se calló por un momento. Me puso mala cara, tal y como esperaba, y se encaminó a la caja. La tienda estaba llena de películas VHS, discos viejos, algún que otro póster y un par de cuadros pintados por una mente infantil atrapada en los torpes dedos de un hombre viejo. Miré alrededor distraído, y luego mis ojos se posaron en la caja registradora, y en el pequeño hueco de debajo lleno de billetes.
– ¿Tienes muchas ventas, no? – pregunté, por decir algo. Agarré mi supuesta adquisición por el lomo, con fuerza, para probar la consistencia de la encuadernación.
– Vendo libros viejos. Hay coleccionistas. Rellena lo que ocurre si eres tan listo…
– Sí – puso cara de esperanzado, como si estuviera empezando a comprender su oficio y no sólo su déficit dental -, que hay gente a la que le sobra el dinero.
– Un libro – arguyó a la desesperada – es un amigo, un confidente… es papel transmutado en oro y vino que nunca se pica. Es una ayuda y un arma para la humanidad. Es historia antigua, presente… y futura – y volvió a reírse. Me estaba poniendo de los nervios.
– Calla ya, hostias – harto del numerito, tiré el libro de mi mano, saqué la pistola y apunté al viejo con ella -. ¡Ahora dame toda la pasta, YA!
Sin perder la compostura, sacó a puñados los billetes de la caja, los del hueco, y un gran libro de debajo del mostrador.
– El resto del dinero está dentro – dijo ufano, mientras levantaba las manos. Así pudo hacer ver que no haría ninguna tontería.
Mi vista siguió fija en él, por si tenía algún truco en la manga, y dirigí mi mano al viejo libro que me había colocado. Abrí las tapas con cuidado, y al pasar las hojas no descubrí ni un billete; sólo conseguí un ligero escozor en los dedos.
De repente, mi cuerpo se atenazó y solté el arma. Me puse de rodillas, incapaz de soportar el dolor que se acumulaba en mi cuerpo, y el viejo se acercó, riéndose de nuevo. Odié esa risa, y la odiaré para siempre. Vino y me dijo:
– Son un arma. Pueden adiestrar la mente, o envenenar a quien lo merece – y cogió el libro que había captado mi atención al principio, y me lo acercó a la cara -. Y si alguien sabe el futuro, puede transmitirlo. Por ejemplo, puede hablar del asesinato de un viejo librero… y de cómo podría reaccionar éste en consecuencia para evitarlo. Cómo envenenar unas hojas. Cómo devorar a tus enemigos.
El dolor siguió retorciéndome por dentro, pero una leve sensación de alivio se produjo con el libro cerca de mí. Tardé demasiado en darme cuenta de que esto era así porque estaba devorando mi alma. Leyéndome, y asimilándome en su interior.
– Los libros, en definitiva, son una extensión de nosotros mismos. Buen viaje, gilipollas.
Mi vida acabó convertida en páginas, y mi final es éste: ser un capítulo más en “Los que intentaron joderme”. Curioso título.
Y os digo por experiencia que no somos pocos capítulos aquí dentro.

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Sociópata Vintage
Porque los bits también se reciclan.

Publicado el 25 de abril de 2007 a raíz de una frase de Cuentacuentos.
Entrada Original.

Un héroe anónimo

diciembre 24, 2009

Dedicado a Kurt Vonnegut y Alan Moore

La gente de Madrid vivía nerviosa, pero al fin pudo tragarse el llanto cuando en el barrio de San Blas floreció una increíble flor de fuego que atrajo, como una aspiradora, la sorpresa de todo aquel que estuviera cerca. El brote, a medida que se marchitaba, acumulaba escombros y aumentaba su luminosidad hasta que, ya extinta, eclosionó en el Estadio de La Peineta.
En su interior, Lucas ayudaba a contener lo que quedaba de la ignición en el aparecido cuerpo de un hombre, de aspecto árabe, cuyo cinturón estaba provisto de una masilla capaz de retener semejante poder. Una vez terminada esa titánica tarea, Lucas le miró mientras se levantaba, le saludó con rudeza en la mejilla, y se despidió de él para siempre entre gritos que se disolvieron en uno de los corredores del estadio.
Por el camino de vuelta a casa, el llamado terrorista pensó en lo peligroso que era el material de su cinturón, y en el hogar decidió desmontarlo en piezas y enviarlas a otras personas cuya vida se dedicaría en parte a custodiarlas.
Una noche, antes de que se hiciera la tarde, el héroe se sentó en el sillón de mimbre junto al televisor y por el bien de todos olvidó la idea de pasear por La Peineta con el artefacto explosivo.
Y la gente de Madrid pudo dormir mejor a partir de entonces.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Es normal que me lo preguntes, cariño

noviembre 2, 2009

– ¿Sabes, hijo? Es normal que me preguntes sobre el tema. Yo tenía un caballo, cuando era pequeño. Duele recordarlo, pero mi familia era bastante adinerada por entonces y nos podíamos permitir unas clases de equitación tanto para mí como para mi hermano. El caso es que un día forcé demasiado a “Rapaz”, mi corcel, y tropezó, y el pobre se rompió una pierna por dos sitios.
Román acarició el pelo de su hijo con ternura.
– Yo pensaba que le pasaría como a los humanos, ¿sabes? Que le llevarían a un hospital de caballos, y allí le atenderían y se curaría, y yo podría volver a montarle hasta que se hiciera viejo. Pero no pudo ser.
David tenía una buena mata de pelo, suave y sedoso, que acariciaba el espacio entre los dedos como si se tratara de seda. El padre pensó que el cabello de ángel, el de verdad, no la comida, debía ser algo parecido. Y se entristeció aún más.
– Porque cuando un caballo se rompe una pierna, se le sacrifica. ¡Pum! – e hizo el gesto con los brazos, como si sujetara una escopeta y sufriera el retroceso después del disparo. – Un buen escopetazo entre ceja y ceja. Porque no se va a curar, no del todo, y va a sufrir hasta el final de su vida un dolor insoportable.
Román volvió un momento la cabeza y suspiró. Su hijo estaba acurrucado en la cama, sin atreverse a salir de debajo de las mantas.
Estaba siendo más duro de lo que había pensado: la primera vez que afrontó la escena mentalmente, en la consulta del pediatra, su determinación no flaqueaba. Pero sabía que, en el caso de posponerlo, sería cada vez peor, y tarde o temprano la situación se acabaría volviendo insostenible. Tanto para David como para el resto de la familia.
– Así que, volviendo a tu pregunta… ¿por qué te voy a tener que pegar un tiro entre ceja y ceja? – Cogió aire. – Porque la Plaga del 2012, la que en un momento pensamos que era una bendición, nos infectó a todos los seres humanos y nos dio la incapacidad de morir por enfermedad. Un anciano morirá de viejo, pero un enfermo de cáncer tendrá inmensos dolores de cáncer hasta que su cuerpo desfallezca por la edad.
El preocupado padre sacó la escopeta de debajo de la cama. Con su hijo encañonado, pensó en el mundo cruel en que le había tocado vivir, y en la tranquilizadora posibilidad de hacerse lo mismo después.
Cerró los ojos.
– Y tú, cariño, mi cielo… mi David, mi tierno hijo de ocho años, mi… – comenzó a llorar desconsolado, pero el pulso no le falló, pues era lo mejor y lo sabía: había visto a su padre sufrir esclerosis lateral amiotrófica durante veinticuatro años, cuando en un mundo normal no habría aguantado más de una década. – Tú, tienes leucemia.
Y disparó.

El Elegido

octubre 15, 2009

El Elegido salió de su hogar llevado por los dos hombres más fuertes del pueblo. En su anterior vida, Él los conoció como pescadores y bravucones, como artífices de la maledicencia referida a su persona. Al menos, hasta que subió la marea roja.

En un principio, los habitantes del pueblo vieron con temor como la marea subía y convertía cada ser muerto que tocaba en un simulacro de vida. Cuando por fin acabaron con estos extraños revividos, tuvieron que soportar que los animales se les rebelaran, y que se apostaran en los alrededores del pueblo sin dejarles salir.
Los días pasaron, y la gente se sentía cada vez peor. Los intentos de fuga se saldaban con varios muertos, despedazados por lo que parecía un millar invisible de animales enfermos. Hasta que uno de ellos, el historiador, el loco, el enclenque, enseñó a los demás el camino a la salvación: si la Naturaleza se había rebelado, dijo, era para hacerles ver que debían retomar el antiguo culto y sus ritos, aquellos que todavía se susurraban los familiares antes de morir, que nunca eran pronunciados en voz alta ni fuera de aquellas tierras.
Mientras duró la comida almacenada, le tomaron por loco una última vez. ¿Qué iba a saber él, un hombre tan anclado en el pasado? La civilización, se consolaban diciéndose, les acabaría salvado de aquel desastre. Pero la civilización les había dejado aparte, y los aparatos electrónicos ya no funcionarían más. Incluso la naturaleza se volvió esquiva, y no pudieron capturar ningún animal.
Con el hambre, los habitantes se volvieron más y más receptivos. ¿Locura? Tal vez, pero la inanición daba por buenas respuestas tan antiguas e incognoscibles que, hacía unos meses, les habría provocado la risa o el desconcierto.
El agua, todo pasaba por el agua.
Tomaron al historiador como Elegido, y señalaron el 1 de noviembre como la fecha de la gran ceremonia. Y mientras, porque faltaban aún tres semanas, Manannan-Maclir llenó sus estómagos con peces y frutas del mar, con el fin de que nadie olvidara a quién debía rendirse culto el gran día.

En el 1 de noviembre, el Elegido caminó por las calles del pueblo envuelto en pieles, y a su paso las jóvenes le efectuaron abluciones con agua de mar. Cada muchacha restregó una esponja por la piel del Elegido, y el agua de mar reveló la fragilidad de la epidermis humana, descomponiéndola y revelando que, bajo ella, había escamas.
Para cuando el Elegido llegó al acantilado, su piel humana se había hecho jirones y desprendido, y su cuerpo presentaba la gloria de un millón de escamas irisadas que refulgían bajo el sol abrasador.
No quedaba mucho tiempo: el Elegido comenzó a ahogarse. Manannan-Maclir, complacido por la perfección del ritual, retiró la ilusión del mar y desveló las aguas transparentes hacia las colinas verdes y apacibles del Sidh, donde el sacrificio del Elegido daría una nueva oportunidad a sus vecinos.
El historiador se sumergió en el momento justo, pues las branquias comenzaron a funcionar en cuanto su cuerpo tocó el agua. Y empezó a nadar.

– ¿Qué coño ha pasado aquí? – preguntó un hombre al ver a un vecino que se asomaba por el acantilado.
– El rarito, que se ha suicidado – dijo el otro, señalando un amasijo de carne sanguinolenta y ropa entre las rocas que, como dientes, emergían del océano.