Posts Tagged ‘SinDios’

Los clubes de lectura

julio 27, 2010

Déjame que te hable de los clubs de lectura.

Año 2013.
Bernard Betz se harta de estudiar sus manuales de biotecnología. Como quiere leer sin esfuerzo, crea el Libro Neuronal, un implante que absorbe el contenido de las páginas impresas y almacena su información en una matriz intracraneal de celdas y transistores.
El Libro Neuronal, claro, vende millones de unidades, pero tiene perversos defectos: su campo eléctrico provoca epilepsia, y crea una violenta dependencia entre los usuarios por ampliar su biblioteca virtual.
Hoy, poseer libros raros es peligroso, pues los miembros de los clubes de lectura los buscan con denuedo y matan a sus propietarios.

El nombre de estos yonkis culturales es un vestigio de lo que fueron. Ya no charlan: ahora, sólo cazan.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Este relato se creó para el Concurso de Microrrelatos de Libro de Notas, cuyos ganadores ya han sido elegidos. Felicidades a los tres, porque se lo merecen.

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La corredora

junio 17, 2010

Susana corre a través del Retiro por un buen motivo: su vida. Cinco metros detrás de ella, corre a la misma velocidad un hombre corpulento, de aspecto militar, con un táser y un cuchillo escondidos que usará para inmovilizarla y cortar su aorta respectivamente si la alcanza.
No se puede sospechar nada: la propia Susana corre despreocupada mientras el último disco de moda suena en su reproductor portátil de música. Cualquier persona llegaría a la misma conclusión al verles: son dos corredores que, por casualidad, coinciden en cuanto al recorrido.
Cuando alcanzan diez kilómetros de carrera, el cronómetro que Susana lleva en la muñeca suena y vibra al mismo tiempo, y le ocurre lo mismo a su perseguidor. Ella decelera, para, se agacha y apoya las manos en las rodillas mientras coge aire. El hombre se acerca.

– Mañana a la misma hora, ¿no?

Susana asiente, y aunque jamás se quitará de la cabeza el hecho de que, si no paga, él acabará con su vida en cualquier momento y lugar, no siente el mínimo atisbo de preocupación.
El asesino potencial desaparece en algún lugar al otro lado del lago.
Y es que a Susana correr sin motivo le parece una gilipollez: los que hacen footing le merecen el mismo respeto que un hámster en una rueda de ejercicio.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Una compra inusual

junio 13, 2010

Es un comentario gracioso de manual: ves a una familia en el supermercado, a su hijo dentro de una cesta o carrito, y les dices “Qué niño tan mono, ¿en qué pasillo se compran?”. Digo cientos de tonterías parecidas para distraerme en el trabajo.
Ayer miércoles me llevé una sorpresa: un hombre y una mujer de facciones árabes, ojos negros y pelo negro rizado, llevaban en una cesta con ruedas a su hijo, de pelo castaño, como si fuera un saco de comida para perros (algo que tampoco me extrañaría: no sería el primer idiota que alimenta al chucho familiar con carne presumiblemente erótica de sustituir). Solté la frase cuando pasaron a mi lado, y ella y él se miraron con una chispa de reconocimiento en los ojos.
El hombre buscó con denuedo un papel sobre el que escribir, hizo unos garabatos con una pluma algo ostentosa y me lo tendió ufano.
– Tome – dijo.
El crío levantó la cabeza de la compra que aplastaba con el trasero y se quedó mirando mi gesto de horror, casi como si esperara una explicación por mi parte.
En el papel había un número de teléfono y el niño tenía los ojos azules.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

El escritor de libros de autoayuda

enero 29, 2010

Daniel Suarez era todo un experto en decirles a los demás lo que tenían que hacer. Tan bien se le daba, que se había convertido en un reputado escritor de libros de autoayuda, un tipo de literatura que ni siquiera le gustaba.
Las ventas acompañaron en proporción inversa a su ánimo y Daniel no tuvo más remedio que continuar la producción de volúmenes como “Del barro al cielo: una historia sobre el éxito” o “Autolimpieza: consejos para gente desordenada sobre cómo organizarse de forma inconsciente”. El verdadero problema, sin embargo, no era que tuviera que escribirlos, sino que no podía dejar de hacerlo: las ideas bullían hasta que las exorcizaba mediante la escritura de un nuevo libro.
Un día, se le ocurrió a Daniel poner en práctica los consejos que brotaban de su imaginación, pues nunca se hacía caso a sí mismo.
De forma implacable siguió los dictados de su voz interior, hasta que ésta se fue diluyendo poco a poco. Con el tiempo dejó de publicar y su nombre se unió a la lista de quienes trataron de ayudar a la gente y fueron olvidados, como Dale Carnegie o Allen Carr.
Tres años más tarde, Daniel se despertó sobresaltado en mitad de la noche, de la misma forma que hacía antes.
– ¿Qué ocurre?
– He tenido una idea.
– ¿Otra vez autoayuda?
– No, no. Es una novela policiaca.
Daniel volvió a dormir, impaciente por descubrir nuevas perspectivas.
Su mujer, en cambio, no pudo pegar ojo.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Un héroe anónimo

diciembre 24, 2009

Dedicado a Kurt Vonnegut y Alan Moore

La gente de Madrid vivía nerviosa, pero al fin pudo tragarse el llanto cuando en el barrio de San Blas floreció una increíble flor de fuego que atrajo, como una aspiradora, la sorpresa de todo aquel que estuviera cerca. El brote, a medida que se marchitaba, acumulaba escombros y aumentaba su luminosidad hasta que, ya extinta, eclosionó en el Estadio de La Peineta.
En su interior, Lucas ayudaba a contener lo que quedaba de la ignición en el aparecido cuerpo de un hombre, de aspecto árabe, cuyo cinturón estaba provisto de una masilla capaz de retener semejante poder. Una vez terminada esa titánica tarea, Lucas le miró mientras se levantaba, le saludó con rudeza en la mejilla, y se despidió de él para siempre entre gritos que se disolvieron en uno de los corredores del estadio.
Por el camino de vuelta a casa, el llamado terrorista pensó en lo peligroso que era el material de su cinturón, y en el hogar decidió desmontarlo en piezas y enviarlas a otras personas cuya vida se dedicaría en parte a custodiarlas.
Una noche, antes de que se hiciera la tarde, el héroe se sentó en el sillón de mimbre junto al televisor y por el bien de todos olvidó la idea de pasear por La Peineta con el artefacto explosivo.
Y la gente de Madrid pudo dormir mejor a partir de entonces.


SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Demasiado literal

diciembre 3, 2009

– Tío, ¡ten cuidado!
Manuel se detuvo, y miró asombrado a su amigo Javier, que tenía la frente perlada de sudor.
– ¿Qué pasa?
– ¡Mira! ¡Una mina!
– Oh, por favor… – se lamentó Manuel.
En el suelo había una enorme deposición de perro. Era tan grande que Manuel creyó que el animal aparecería muerto al doblar la siguiente esquina.
– No voy a decirte que son inofensivas – arengó Manuel -, pero tampoco es como para llamarla mina. En Francia hasta consideran que da suerte pisarlas, ¿sabes?
– No lo hagas.
– ¿El qué?
– Lo que estas pensando. No la pises, ¿vale? Por favor, aunque sea piensa que te lo está diciendo otra persona – suplicó Javier, con las manos unidas.
Su amigo comenzó a reír con ganas. ¿Qué más le daban a él sus ruegos? Por no hablar de que tanta preocupación por una mierda de perro era francamente estúpida.
Manuel se fijó entonces en las botas que llevaba puestas: avejentadas, el tejido de la puntera estaba a punto de desgarrarse y los cordones, de tanto apretarlos, parecían mordidos por una mascota inquieta. Decidió darles un gran final y pisó a fondo la mierda.
Lo último que oyó Manuel en su corta vida fue un bombazo. El excremento había estallado con la fuerza de una granada, volándole las piernas y propulsando su cuerpo a seis metros de altura. Cayó de cabeza sobre el cráter.
Javier se puso las manos en los bolsillos.
“Te lo dije”, pensó.

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Fe volante

abril 23, 2009

El cura estaba loco, eso pensaban sus habituales parroquianos. Porque por motivos que no quiso aclarar, ni siquiera en la última misa que ofició antes de partir, decidió batir el récord de permanencia en el aire con mil globos de fiesta.
La gente, los medios de comunicación, abarrotaron la pequeña plaza mayor de la ciudad, deseosos de ver volar al cura y, a ser posible, para arrancarle una confesión.
Pero fue imposible, porque el párroco era experto en sacar confesiones, no en darlas.
– ¿Y no teme que sea incapaz de manejar la trayectoria de su vuelo? – inquirió uno de sus habituales en misa.
– Dios guiará mi vuelo, ¡sin duda alguna!
Con esas palabras mandó que le soltaran con los globos, y subió y subió en el cielo estúpido y meteorológicamente desequilibrado, y fue alejándose cada vez más, arropado por los vítores y ánimos de los allí presentes.
Dos días más tarde, poco se supo de él, salvo que Dios había tenido a bien despojarle de unos cuantos globos.
Y ahora, sinceramente, ni Dios sabe dónde está el cura.
Ni por qué lo hizo.

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Mala suerte

abril 23, 2009

Sergio no se creía la mala racha que estaba pasando. Pensaba que no era justo tener nueve años y verse asediado de aquella manera por los problemas: cinco asignaturas suspensas; sus padres discutían sin parar y su mamá decía que se iba de casa; sus compañeros le llamaban niñato por creer todavía en los Reyes Magos.
Aquella noche del cinco de enero, justo antes de la medianoche, Sergio no podía dormir debido a los gritos de sus padres, acompañados por un molesto ruido de bolsas de plástico. Así que se asomó a la ventana, en busca de una señal que le devolviera la fe en su mundo: como por ejemplo, una luz que demostrara la existencia de los Reyes Magos.
Algo parecido ocurrió, pues el meteoro DX14-DANTE se desvió de su trayectoria y emprendió un rumbo de colisión contra la Tierra. Y Sergio consideró la entrada del meteoro a través de la ionosfera como una señal.
No se lo podía creer, ¡eran los Reyes! Se despegó de la ventana y fue al salón corriendo, deseoso de compartir la noticia con sus padres, cuando se llevó un gran chasco.
A pesar de sus disputas, ambos progenitores habían aparcado sus diferencias, y estuvieron sacando regalos de varias bolsas hasta la irrupción de su hijo, que con un rápido vistazo comprendió todo.
Vaya mala suerte tengo, pensó Sergio.
Y entonces, mientras lloraba desconsolado y desencantado, el meteoro arrasó con su barrio.
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Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

La guerra secreta

abril 9, 2009

Miró a su hermana con la fiereza acostumbrada: el plan seguiría adelante. Su raza era combativa, y muy orgullosa, y no tirarían nunca la toalla. Su Enemigo, por desgracia, tampoco: ¿es que no se iban a rendir jamás?
Estaban perdiendo la guerra donde más importaba, en aquellos grandes terrenos donde el Enemigo despreciaba su don, y no había nada que les avergonzara tanto. Se vengaron en las ciudades, cometiendo atentados en cada uno de sus rincones, sin respetar cosa, animal o persona, pero en el fondo no servía de mucho. Así que se limitaron a esperar.
Se reprodujeron, sin que nadie más se diera cuenta, hasta que su número superó ampliamente su capacidad para contabilizar sus propios efectivos.
Y cuando miró a su hermana, el plan se puso en marcha, y un millón de palomas se abalanzó sobre el aeropuerto de Barajas, lo que era sólo la primera fase de un plan de conquista del espacio aéreo mundial.
El cielo era suyo, y de sus hermanas aves. Y lo iban a recuperar.

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.

Tokba y Bakto

marzo 26, 2009

Tolky Monkys

Hay muchos tipos de seres que conceden deseos, y todos son especialistas en conceder lo que se pide, pero nunca lo que realmente se desea. Tokba y su hijo Bakto son dioses menores de este tipo y viven en la montaña más alta, nueve kilómetros, de todas las provincias ficticias que tiene China: el Monte del Destino Que Fluye. Cuenta la leyenda que quien sube a la montaña, se encuentra con Tokba y tiene derecho a un deseo.
La mayoría de la gente sólo quiere volver a casa, porque el grifo SIEMPRE se queda abierto cuando sales de casa a escalar una montaña tan alta. En esos casos Tokba, sin dudarlo, lanza al visitante tan lejos como puede con la fuerza de sus largos brazos, mientras Bakto se ríe.
Destaca el caso de Sir Harry Gorthesque, pertinaz escalador que coronó el Monte y pidió que Tokba bajara con él.
Tokba cometió el mayor error de su patafísica existencia: porque en vez de lanzarle y volar junto a él hasta que se estrellara contra el suelo, acompañó a Sir Harry hasta la falda del Monte andando, signo inequívoco de debilidad. Cuando volvió a la cima, Bakto miró a su padre con condescendencia y de una forma muy apropiada para el hijo de un dios: Cuando crezca lo suficiente – exclamaron sus ojos -, seré yo quien te lance, y lo haré tan fuerte que tus alas no servirán para salvarte.
Estos dioses… ¡es que nunca aprenden!

Relato para el concurso de Tolky Monkys.

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SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.