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Usain Bolt: una biografía imaginaria

enero 31, 2009

Era el más rápido, pero nadie sabía, de momento, lo veloz que podía llegar a ser. Lo sentía en su interior, vibrando; toda esa velocidad potencial, que le punzaba los músculos y le producía un secreto éxtasis cuando entrenaba.

Como él mismo, el tiempo corría deprisa. Antes de que se diera cuenta, había pasado de ser una prometedora estrella en su país, Jamaica, a pisar el suelo chino. Y estaba dispuesto a dejar huella.

Se colocó en su puesto y se concentró. Sintió la energía entre las fibras de sus gemelos, en los recovecos de sus muslos… una energía trepidante. Y si cerraba los ojos, casi podía percibir su color, como un rayo púrpura que le envolvía desde las zapatillas hasta las cejas.

Sonó un disparo.

Milésimas de segundo después, Bolt había hecho honor a su nombre y había efectuado la salida más rápida de la historia del atletismo. Cincuenta metros más adelante, dos segundos después, el atleta estalló en pedazos en medio de un tremendo estruendo que dejó sordos a casi todos los asistentes.

Hubo tres cosas que intrigaron a los expertos. La primera, y más lógica, fue por qué estalló Bolt. La segunda, de dónde provenía aquella explosión sónica, y si era el resultado de algún tipo de arma nueva. La tercera cuestión era demasiado inquietante: la carne y la sangre que había en el suelo eran de Bolt, pero había más de doscientos kilos y varios litros de sangre más que una persona normal. Tanto fue así que al explotar, gente de hasta la fila veinte de las gradas llegó a tener algún salpicón.

Hubo también dos muertos debido a las heridas provocadas por astillas de hueso propulsadas a treinta y cuatro mil metros por segundo.

La respuesta intrigó a los científicos hasta que encontraron la manera de ralentizar la imagen de las cámaras hasta treinta millones de fotogramas por segundo. Allí descubrieron, atónitos, que Bolt había llegado a alcanzar la velocidad de la luz. Si uno se fijaba atentamente, era posible ver una estela que adelantaba a Bolt; esa estela, de hecho, llegó a recorrer el mundo entero, hasta dar la vuelta y volver al punto de origen apenas medio segundo después.

¿Y qué era esa estela? Dado que Bolt había alcanzado la velocidad de la luz, y siguiendo las teorías físicas, su masa se había ido incrementando exponencialmente en relación a la velocidad hasta un punto en que ésta llegó a ser infinita. En ese microsegundo, Bolt, de forma inadvertida, había conseguido hacer vibrar sus átomos de tal forma que podía atravesar, literalmente, todo lo que tenía por delante como si fuera un fantasma.

Por desgracia, la muerte de Bolt se produjo cuando intentó frenar. Cuando deceleró, Bolt empezó a concentrar la masa en un punto, pero no le dio tiempo a frenar lo suficientemente rápido como para darse cuenta de un terrible hecho: había superado la velocidad de la luz, y había conseguido viajar dos segundos hasta el pasado. Cuando se quiso dar cuenta, era demasiado tarde, y el deportista chocó consigo mismo a una velocidad cien veces superior a la velocidad del sonido, de ahí el estruendo. Su masa, para entonces, todavía tendía en una pequeña parte al infinito, y se calcula que en el momento del choque, había trescientos kilos de Usain Bolt.

En la actualidad, el gobierno jamaicano sostiene que al tener potestad sobre el cuerpo de Usain Bolt, las posibilidades de investigar el cuerpo del fallecido y llevar a cabo una posible clonación se deben exclusivamente a ellos. China pone sobre la mesa los miles de damnificados de su país, y que Bolt muriese en territorio chino.

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